Posiblemente sea uno de los monólogos más conocidos de ‘La vida es sueño’ (1635), la obra de teatro por excelencia de Pedro Calderón de la Barca (1600-1681), el último referente del Siglo de Oro. Considerada como una de las más obras más significativas de la literatura barroca, ‘La vida es sueño’ envuelve en sus versos un turbado y complejo trazado filosófico: la lucha por la libertad frente al destino incierto, el drama moral de la trascendencia humana, el error como espasmo en la conciencia -y su implicación en el dilema divino-, el sueño bañado en apariencia y, en definitiva, toda esa realidad a la que llamamos vida, en la que no podemos más que afanarnos en ser (¿sentirnos?) libres.

Segismundo, ese personaje torturado por la incertidumbre, desvela ecos de Hamlet, reflexivo, atormentado, loco de venganza. Sin embargo, Segismundo presenta un estado reprimido más acusado, causado por su reclusión y su ansia de libertad. Lucha por vencer al destino sin saber que, de alguna forma, combate contra su conciencia. Contra su propia condición humana.

Reconozco que no es fácil interpretar a un hombre tan tosco y fiero como Segismundo, o al menos cómo lo presenta Calderon, pero he tratado de ponerme en su piel en cada verso, imaginándome encerrado, acorralado por la creencia de que ‘el delito mayor del hombre es haber nacido’. Este reto se alimentó del visionado de algunas escenas de la magnífica interpretación de Blanca Portillo y su tenaz ferocidad, y esa contradicción entre la agresividad de la palabra versus la fragilidad del yo interior. Y cómo no, también recibí el empujoncito de rigor de Almudena Amorós con sus excelentes recomendaciones, y su ‘si Portillo lo ha hecho, ¿por qué tú no?’. Y ciertamente, interpretar la voz de un personaje masculino -claro, a menor escala: sólo voz y un fragmento- no ha sido para nada un handicap.

En cierto modo, a pesar del carácter salvaje y bárbaro de Segismundo, no podía perder esos destellos de humanidad y franqueza que desvelan a un hombre sensible que, aunque piense que la existencia no es más que un mal sueño, no entiende su razón de ser y, en el fondo, se siente perdido y vulnerable.

Espero haber conseguido trasmitir una pizca de estas emociones encontradas.

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