Estreno la temporada con un monólogo de James Joyce (1882-1941) en su novela más importante: Ulises (publicada con el título original de Ulysses en 1922).

Se trata de una narración de pensamientos que fluyen descontrolados, sin signos de puntuación en su versión escrita, como una voz de la conciencia sin orden descriptivo lógico. Me la recomendó de manera muy acertada, cómo no, A.Amorós. y me la expuso entre otras muchas opciones dándole a ésta el matiz de “un reto para ti”. Y, claro, no he podido a resistirme.

Bajo influencias de la metafísica alemana y la retórica francesa, Joyce dota a su obra de un estilo único en el que infinidad de referencias culturales y una cosmovisión casi nihilista chocan con múltiples procesos internos, una lucha sin victoria ni derrota entre el cuerpo y la mente.

De esta manera, Joyce emplea el monólogo interior en el que la conciencia se expresa a sus anchas en relación a un macrocosmos que la supera y la compone. Lo secuencial en esta corriente de reflexiones queda supeditado al azar del subconsciente. Y así lo narra él, sin oraciones sintácticamente bien construidas, con una semántica relativa a los ojos que leen. Y es aquí donde yo me he atrevido a darle sentido a este caos. He puntuado cada frase en mi cabeza, y les he dado una clara intención interpretativa, inexistente en nuestras divagaciones reales.

(escúchese con calma, imaginándose el universo que describe Joyce)

Gracias, Almu! 🙂

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